Venezuela es un país increíblemente especial y está jodido. Muchos venezolanos no lo saben, pero gran parte de los paisajes más hermosos del planeta se encuentran a solo kilómetros de sus feas, caóticas y divertidas ciudades. Pero estamos jodidos. La historia nos ha jugado una mala pasada y estamos viviendo en vivo y directo, uno de los errores colectivos e históricos más bizarros que se puedan imaginar. Y la culpa es de todos.
Pensaba escribir algo sobre el concierto de Soda Stereo en el Hipódromo de la Rinconada de hace dos días. Pero no pude. No tengo el animo necesario, ni el humor de siempre, para escribir cualquier cosa “normal” de Esquizopedia. Es de noche y no puedo dormir.
Hace unas horas, viajando de Caracas a Barquisimeto, me puse a escuchar el discurso de Chávez, a propósito de su cierre de campaña por la aprobación de la reforma constitucional. Es relativamente sencillo escuchar un discurso del presidente de Venezuela y Twittear en vivo, con el sarcasmo al 100%, cosas graciosas o seudograciosas (depende del nivel de radicalidad que se tenga hacia uno u otro lado).
Pero el contenido del discurso fue tan pero tan desencajado y triste, que llegó un momento que no pude seguir teniendo buen humor y el sarcasmo no aparecía. Era imposible la replica “inteligente” antes semejante catarata de insultos, amenazas, angustias, religión y mesianismo. A mi Chávez me da lastima, y es bien extraño el sentimiento, porque nunca o casi nunca siento lastima por nadie. Y ojo, no lo siento porque me crea superior al presidente o crea que es un ignorante de mierda. No tiene que ver con eso. Más bien está relacionado con ver como alguien que representaba la esperanza de un país se ha convertido en una caricatura de si mismo. Un cliche. Eso es nuestro presidente, un cliche de Hugo Chávez, al tratar de ser cada día más Chávez. Lleva las cosas a un extremo absurdo y terminan ocurriendo cosas sin sentido. Ese discurso de ayer no tenia el más mínimo sentido de nada. Era grotesco y amargado. No tenia un milímetro de esperanza. Era un saltemos al vacío, pero lo hacemos por el bien del pueblo.
Y la verdad es que su revolución se puso vieja en 9 años. Es probable que dentro de tanta palabra y acción se quiera construir un mejor país. Es probable aún. Pero ya no es factible. Se ha dividido tanto. Se ha gritado tanto. Se amenazó a tantas personas. Se regaño a todo el mundo. Se insulto a dioses y mortales, personajes de ficción y simples personas. Que ya no se puede más. Chávez ya no es la izquierda romántica que regreso triunfante de un golpe de estado de derecha. Ya no lo es más. Chávez no es Salvador Allende (ni representa las mismas ideas) y mucho menos es Simón Bolívar (y tampoco representa sus ideas). Chávez no representa a los jóvenes de izquierda de este país. Eso si, Chávez sigue representando la esperanza de millones de personas que aun creen en el. En la posibilidad de un mundo mejor, de una país mejor. Pero no es la persona que va a lograrlo, si un día se calma, se relaja, se da cuenta que no es el Papa de la izquierda, ni el Zeus de la política, probablemente pueda ayudar como una persona más. Pero mientras ese proceso de mil años ocurra: Chávez no es la respuesta a nada. Lo más seguro es que la oposición venezolana no sea una respuesta clara tampoco. Pero las personas de a pie si somos respuesta. Si lo somos y creo que eso va a quedar demostrado el domingo 2 de diciembre en la votación del Referendum.
Ese discurso de ayer se recordará como el cenit oscuro de la noche en Venezuela. No se puede, en nombre del pueblo de Venezuela, decir las cosas que se dijeron y de esa manera. La historia da vueltas. Y la historia es demasiado determinante y nada es para siempre. Para gobernar este país se requiere incluir a los dos grandes sectores en disputa. De lo contrario vendrán años perdidos inútilmente en la nada.
Eso fue el discurso de ayer: NADA (en mayúsculas). Lo mismo de siempre repetido de una manera tan altanera que termina convirtiéndose en la NADA. Una triste NADA de una persona que cambio el rumbo, se perdió en el bosque y no escucha a nadie. Una persona triste y angustiada.
El domingo hay que ir a votar. No contra el gobierno, no a favor de la oposición. Nada de eso. Hay que votar porque salga el sol. Hay que votar para darle una lección a la historia, y por ultimo hay que votar para darle un golpe de reflexión en la cara al presidente triste y amargado que tenemos insultándonos día a día.
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