
Las mejores cosas de la vida ocurren por la suma de dos factores en apariencia antagónicos, la planificación y el azar. El primero te da una base de organización, un camino, un mapa, un orden para lograr un objetivo. El azar es el elemento que hace que la vida no sea un libro escrito, que permite que el futuro sea definido por nuestras acciones, y el entorno en que vivimos con todas sus variables moviéndose demencialmente, no por los gobiernos, ni los padres, ni los maestros. Ese elemento nos llena la vida de sorpresas, y nada que podamos hacer puede remediarlo al 100%, ni la mejor planificación, ni el mejor organigrama. Así que nos pasamos la vida disfrutando del azar, y la pimienta que le coloca a nuestra posible organización/ruta.
Camilo nació el 30 de diciembre de 2010. Camilo es mi hijo. Esperábamos su llegada para la segunda semana de enero, y se adelantó. Lo que desencadeno que el año 2011 para mi, comenzará un poco más de 24 horas antes de lo previsto. Camilo ha logrado romper el tiempo, haciéndome vivir en el futuro por un poco más de 24 horas. El azar me ha permitido vivir el mejor fin de año de toda mi vida. Pero la llegada de Camilo no fue un proceso sencillo. Se necesito del amor y resistencia de su madre por un poco menos de 9 meses. Se necesitaron libros, revistas, páginas de Internet. Conocimiento. Se necesito organizar nuestro hogar, desterrar un televisor y un Xbox. Se necesito comprar muchas cosas. Se necesito aprender. Y se necesito entender que por más que nos sintiéramos poco preparados, Camilo, en un proceso similar a la magia, sin decir una sola palabra, nos prepararía en tiempo real, para ser sus padres. En eso estamos ahora, aprendiendo de nuestro hijo como ser buenos padres. Siempre que abre sus ojos, escondemos nuestro nerviosismo, justo en la parte de atrás del cuello, donde nace nuestro primer cabello. Allí nunca podrá verlo, pero nosotros podremos sentirlo. Y así permanecer alertas.
Camilo no va a conocer a su abuela, a mi madre. Y me toca a mi revivir todos los recuerdos que tenga, para intentar transmitir, aunque sea un poco, la sabiduría que ella poseía. Eso será realmente difícil por varias razones. Yo nunca me he sentido ni con la sabiduría de la señora Diana, ni con su profundidad espiritual. Camilo tendrá que enseñarme algo que yo tengo que enseñarle a el. Por otro lado, hay un problema generacional tremendo que complica explicar ciertas cosas, y tendré que encontrar la forma de contarle que el mundo no es Internet, pantallas que se tocan y responden, actualizaciones de estado, música gratis… El mundo es (deberían ser) personas como mi madre, que se levantaban todos los días para construir un planeta Tierra mejor, que amaba a un campesino al igual que a su poderoso tío italiano. Que era capaz de aprender braile por su amor a un ciego. Que escapo de una dictadura para que sus hijos pudieran crecer en libertad. Que no sabia lo que era el resentimiento, ni la envidia. Alguien que ingenuamente lo daba todo por otros, sin nunca exigir nada a cambio. Una persona que hablaba 5 idiomas, tenía 7 nombres, y que leía un libro, de la misma forma en que nosotros leemos un tweet. Tamaño compromiso que tengo encima. Intentar ser por lo menos un 10% como mi madre, para ser un buen padre al 200%.
La muerte y la vida nos cambian. Cuando murió mi madre cambie, nunca más fui el mismo, ahora que nació Camilo es igual. Aunque día a día estamos cambiando como seres humanos, son simples agregados cotidianos (mini plugins), es como que poseemos una pizca más de sabiduría e información. Pero cuando alguien nace o muere, somos una nueva versión de nosotros mismos. La imagen que vemos en el espejo todos los días, sale del encierro y nos domina. Esos años de más, esas canas, esa mirada más profunda, que vemos todos los días al afeitarnos (o maquillarnos) en el espejo, nos asalta y terminamos fundiendonos con ella. No es que seamos mas viejos. No es nada de eso. Somos una versión mejor de nosotros mismos. Ahora con el poder mutante de la reflexión. Hasta que no mueren nuestros padres, o alguno de ellos, nunca hemos reflexionado nada en la vida. Hasta que no nacen nuestros hijos, o alguno de ellos, nunca hemos reflexionado nada en la vida. Una de esas reflexiones tiene que ver con la soledad, la perdida, el valor de la vida. La otra reflexión tiene que ver con la compañía, el nuevo inicio, el valor de la vida.
Bueno, realmente no hay forma de explicar lo que se siente al ser padre por primera vez. Nunca, en todas las vidas que me queden, voy a poder olvidar los movimientos tan sutiles de Camilo, al comunicarse con el mundo, durante su primera hora de vida. Estaba hipnotizado viéndolo mover sus brazos y piernas. Sus movimientos eran música, en completo silencio. Eran al mismo tiempo, despertar y explorar. Movimiento de quien descubre por primera vez el aire, el espacio, el tiempo. Movimientos tan poderosos que adelantaron el año, rompieron el tiempo, generaron más esperanza en mi mente y corazón, que todos los poemas escritos por todos los poetas en todos los libros, inyectados juntos a mi torrente sanguíneo.
Todo esto es Camilo (mi hijo) para mi: reflexión, esperanza, futuro, aprendizaje y vida.