
Farrell Eaves es un típico ingeniero, dios cuando creo a los ingenieros les puso mala suerte como aditivo, en nuestros genes tenemos la tendencia ancestral a botar el café arriba de cualquier cosa electrónica que no necesite para nada café, y si jamás nos ocurre esto, al final terminamos con una gastritis horrible y un pulso que todas nuestras generaciones futuras llamarán defecto genético.
Regresemos al post, Farell Eaves, se compro una cámara digital Nikon Coolpix 990, usando su mala suerte genética se le cayó en el Río Pecos, en Nuevo México. Antes de ponerse a llorar, miro al horizonte como un Hiro Nakamura moderno, y se atrevió (cual hereje) a tener esperanza: la secó, la puso a tomar sol, luego sobre una estufa (lanzo una plegaria a Harry Potter), y la amarro al parabrisas de su auto, manejándolo a 120 km/h. Toda esta alquimia secadora se convirtió en magia y su cámara revivió convertida en una cámara Van Gogh. ¿Qué? Si, sus fotografías son tal cual una pintura impresionista.
Farell no se corto una oreja y demostró que eso de la mala suerte de los ingenieros es solo una leyenda urbana. Vende sus fotos a buen precio y hasta edito un libro. Ni los técnicos ni los brujos mas avanzados saben que le pasó a su cámara.









No es suerte, es obra de un ingeniero que sabe usar su ingenio en momentos de desastre :-)