Karaoke: de los bares a las webcams
¿Quién no recuerda haber presenciado espectáculos vergonzosos en locales de moda o tascas escondidas, cafés o casas de amigos, en fin, cualquier lugar con un equipo de Karaoke? Mejor aún: ¿Quién no se animó nunca a tomar el micrófono y buscar esos 5 minutos de fama (dependían de la duración de la canción) ante un público afortunadamente atontado por el licor? Si tu respuesta es no, posiblemente lo hayas olvidado debido a las neuronas que mueren cuando los niveles alcohólicos se elevan demasiado.
La palabra Karaoke viene del japones “Kara” (que significa vacio) y “oke” (abreviación para orquesta). O sea, que no hay orquesta sino una pista pregrabada para acompañar a los cantantes. Es un hecho ampliamente aceptado que este fenómeno de entretenimiento nacio en un Snack Bar de la ciudad de Kobe, donde al no llegar los músicos, el dueño tuvo que usar una cinta grabada. Hasta aquí todo bien, el problema debe haberse iniciado cuando tampoco llegó un cantante profesional. Los ejecutivos japoneses solían asistir a estos lugares al salir del trabajo a hacer el ridiculo al ritmo de las canciones occidentales, imaginándose en el Madison Square Garden vestidos de lentejuelas y acompañados por bandas de Pop o Rock. Como toda epidemia asiática, cruzó el Pacífico y el resto es historía.
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